Las instituciones educativas han enfatizado desde siempre las habilidades cognitivas por sobre las sociales y emocionales. En los programas académicos vemos materias como matemática, lengua, idiomas, educación física, geografía, historia, entra otras, pero no encontramos asignaturas como cómo resolver conflictos, cómo mejorar la empatía, o la escucha atenta, por nombrar a algunas. Sin embargo, son las habilidades sociales y emocionales las que van a lograr que los alumnos puedan aprender más y mejor.

Hablamos de habilidades sociales y emocionales cuando hablamos de la motivación, la actitud, los valores, y las creencias, entre otras.

Las relaciones en el aula tienen un impacto muy grande en el aprendizaje.

Si un alumno se siente frustrado, triste o amenazado, aprender va a ser una tarea difícil.

Por lo tanto, si el docente no tiene en cuenta las habilidades socio-emocionales, las habilidades cognitivas se van a resentir.

Todo docente que recién se inicia en la profesión quiere influenciar positivamente a sus alumnos. Tiene expectativas de logro altas y la sincera intención de pasar por la vida de sus alumnos dejando un mensaje superador. La gran pregunta es ¿qué pasa cuando se encuentra con programas complejos, la presión de los padres y alumnos que quieren sentirse libre cuando el docente quiere control?

Este siglo demanda, no sólo aprender las materias de siempre, sino además, incorporar nuevas como aprender a resolver conflictos, a relacionarse positivamente con los demás, y a ser creativos, entre otras habilidades que ya no son opcionales.

El desafío que tenemos como docentes es hacer que nuestros alumnos se sienten frente a nosotros porque quieren escucharnos y no porque tienen que escucharnos.

¡Ojalá este curso los invite a la reflexión y pueda aportarles ideas útiles y prácticas para que puedan disciplinar menos y enseñar más!

Laura Lewin

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