La vinculación entre escuelas y los ámbitos domésticos genera, en los docentes y profesionales de la educación,  angustias y expectativas, indicaciones y prescripciones que enmarcan su hacer. Es interesante reflexionar qué aspectos de la vida  social, en nuestro caso  el de los grupos familiares, resultan destacados o soslayados en las escuelas  Cuáles son las relaciones históricas y cambiantes entre lo público y lo privado,  cómo se visualiza la responsabilidad parental y cómo esta es vivida en las escuelas.

El concepto de “diversidad familiar”, que a veces queda vacio por ser demasiado amplio, es presentado tanto en los textos escolares, en  las leyes, en los diseños curriculares, en los documentos ministeriales y en  los producidos por organismos internacionales, como incluyendo una tan  vasta gama de aspectos culturales, étnicos, socioeconómicos, pero  muy someramente las diversas  formas de conformación familiar y/o de combinaciones de  género en estas configuraciones familiares.

Se aborda la diversidad familiar silenciosamente, de maneras ambiguas en general, lo cual  no permite sea visibilizada, nombrada, además de todavía  estigmatizada. Esto  impacta  la construcción de conocimientos adecuados  y, consecuentemente   produce un  aprendizaje con sesgos limitantes.

Si bien  las representaciones de los alumnos sobre sí mismos, sus hábitats  y las también las de sus docentes, son condición necesaria para producir nuevos aprendizajes unos y otros quedan atrapados entre la contradicción, o al menos ambivalencias, que se generan entre lo que reciben como contenidos (en nuestro caso sobre las diversas configuraciones  familiares) lo que viven en sus hogares y lo que les acercan los medios.  Sin embargo, y a pesar de  la invisibilización, los temas de sexualidad, de géneros diversos, de diferentes configuraciones familiares, éstos siempre vuelven a la escena escolar de manera explícita o solapada  generando, en muchos jóvenes,  sentimientos de exclusión, inseguridad  y violencia ( al igual que  acontece con  situaciones de acoso y bullying que también engendran discriminación y violencia )

Cambios y más cambios sociales ( nuevas leyes)  reconocieron y legitimaron nuevas y variadas formas de configuración familiar, que a su vez generaron nuevas y aun desconocidas (o menos conocidas) formas de vinculación con el contexto mayor y en especial con las escuelas con quien interactúan una gran parte del ciclo vital.  Sin embargo muchos  sistemas sociales (escuelas-hospitales y otras organizaciones) todavía solo se animan a medias,  a reconocer las nuevas –y no tanto- formas familiares diferentes: familias extensas, familias ensambladas,  familias monoparentales,  con menos aceptación aun, de familias homoparentales o familias formadas por hermanos huérfanos o sin vínculos con sus padres o familias sin parentesco de consanguinidad,  temporarias o permanentes.

Las figuras alternativas a padres y madres tradicionales son los nuevos adultos que conforman  familias adoptivas, familias de vecinos y otros parientes –a veces sin nombre- que cumplen las tareas de cuidado y socialización, pero que por sus rasgos atípicos, no son reconocidas plenamente en su capacidad y derecho de funcionar como familia. Se trata de grupos familiares más cercanos a una red social.

No obstante, el discurso escolar hegemónico continua prescribiendo y normalizando  determinadas formas de organización familiar y sólo especificas / y muy pautadas  formas de vinculación entre familias y escuelas como condiciones necesarias para la escolarización en general  y el rendimiento académico en especial. La biparentalidad aparece  explícitamente como la familia esperada, deseable, supuesta. No sucede así con la monoparentalidad, ni con otras configuraciones que responden a combinaciones distintas en lo referido al género.

Las nuevas configuraciones familiares casi invisibilizadas en las leyes educativas, documentos curriculares y manuales escolares se acompañan en general de una  connotación sobre la diversidad familiar que todavía es  leída y transmitida como  desviación de un modelo esperado “ideal” ( occidental por cierto).

Muchos discursos docentes todavía sitúan a la familia en general  y su “mala configuración o constitución”  como condición necesaria de la escolarización. Los problemas  escolares todavía se conectan linealmente como explicación  o causas directas de esas dificultades. Se destacan entre las explicaciones las faltas y fallas familiares de los padres de los niños. ( abandono desinterés, falta de apoyo, participación y acompañamiento )

  La idea de “la familia en crisis” tal vigente en la sociedad actual y discurso casi diario en las escuelas, entendiendo por ello padres separados  hogares encabezados por un mujer ( o hombre ) como cabeza de familia, convivencias de niños con adultos que no son sus padres biológicos  y otras, no son aun entendidas como diversas formas de ser familia y desde esta representación social suponen  en muchos casos,  a priori,  un riesgo, un daño, un descenso, o un empobrecimiento del potencial educativo que afecta de forma negativa la tarea de aprendizaje y el rendimiento escolar.

Una reflexión atenta y respetuosa  permitirá descubrir y deconstruir supuestos incorporando estas perspectivas tanto en las aulas como otros ámbitos de la educación no formal,  donde también  los jóvenes y niños se reúnen y comparten hábitos y maneras de relacionarse y  que es también, donde reciben información o comparten los efectos de la desinformación.

Por tanto es insoslayable la tarea de flexibilizar, permear  los muros de la escuela para que  el ENTRE  ámbitos  sea más permeable y se generen  contactos y articulaciones  entre sí.

Un proyecto educativo hoy no puede pensarse sin una mirada cooperativa y colaborativa con otras organizaciones sociales y comunitarias que son territorios donde jóvenes y adolescentes desarrollan sus vidas, aprenden, comparten y se integran al mundo.

Dra. SILVIA BAEZA