Entrevista entre Marcelo Lorenzo del diario El Dia Online y el Lic. Alejandro Castro Santander.

 

– Usted dirige un observatorio de la convivencia escolar. ¿Cuál es la tarea de estos espacios institucionales?

Alejandro Castro Santander:- Son proyectos de investigación, de formación y de capacitación. En mi caso por ejemplo estamos más abocados a lo que llamamos en general clima escolar, que definiríamos como las percepciones que tienen todos los individuos sobre un clima de relaciones. Es decir se trata de saber cómo me siento en el lugar en dónde estoy. Investigamos eso. Yo dirijo un observatorio que ya tiene once años, que estuvo primero en la Universidad Católica Argentina y ahora está en la Universidad Católica de Cuyo. Pero además he trabajado algunos años en México. Colaboro actualmente con el gobierno mexicano y he apadrinado observatorios en Colombia, Bogotá, Chile, Perú, Paraguay, y estuve haciendo cosas también en Brasil.

– La percepción que tenemos es que a diferencia de lo que ocurría en el pasado la escuela se ha convertido en un lugar peligroso ¿Cómo ha sido esto posible? 

– Reconozco que la problemática está algo potenciada por los medios también. ¿Pero qué es lo que aparece en ellos? En lugar de millones de chicos sentados estudiando y miles y miles de  profesores dando clases, lo que muestran es una niñita de nueve años que se tomó 10 pastillas de Clonazepam, o un chico con armas de guerra en la escuela, o una maestra que tuvo sexo con un alumno.

– ¿Usted dice que está más mediatizado el tema?

– Mediatizado mal. ¿Qué es lo que dicen los medios respecto de la violencia en la escuela? Los medios dicen bullying. Pero nosotros decimos que eso es una parte, algo que tiene una magnitud menor dentro del ámbito de la institución educativa ¿Es peligroso? Sí. Hay un bullying duro que es peligroso.Y esto porque la mayoría de las veces está protagonizado por uno o dos individuos que tienen conductas muy disociables. Pero en general lo que más conocemos es el bullying blando, que está más naturalizado, al que los chicos toman como un juego. Es lo más habitual, pero al mismo tiempo lo más fácil de corregir, si se trabajara en el desarrollo de habilidades socio-emocionales, algo que no hacemos.

– Hay un relato de los medios que tergiversa el problema, entonces.

– Lo manejan mal. No es que lo que estén diciendo no exista. Lo que pasa es que destacan unas cosas sobre otras realidades. Lo resumo, en el caso del bullying, en una frase: el árbol del bullying no nos está dejando ver el bosque de la convivencia, que es muchísimo más complejo.

– ¿Cuándo hablamos de convivencia de qué hablamos?

– Hablamos de todo lo que pasa. De todas las relaciones. Imagínese un triángulo ¿Abajo qué es lo que más hay? Conflictos. Y el conflicto no es ni bueno ni malo. El conflicto en todo caso es una oportunidad para destrabar un desencuentro, asociado a indisciplinas, transgresiones a la norma, violencias esporádicas, que en nuestras investigaciones es lo más frecuente. El problema es que nos desentendemos de estas cosas, que ocurren por debajo, porque sólo estamos viendo el bullying, el cual estalla como consecuencia, justamente, de no haber trabajado previamente los desencuentros en la convivencia. ¿Y qué pasa cuando uno encuentra en una institución un caso de bullying? Pues hay diez más que no veo. Porque el bullying no es una cosa visible, evidente. Todo esto nos lleva a la conclusión de que hay que trabajar en prevención. Sobre todo en prevención primaria y secundaria. O sea, antes de que pasen las cosas hay que trabajar con los chicos mucho el tema del respeto, el valor, la empatía, la asertividad, la comunicación, la autoestima, el desarrollo moral. A partir de entonces uno va disminuyendo las posibilidades de que ocurran casos de bullying. Porque cuando este tipo de hostigamiento aflora resulta que ya tengo muchos más casos y ya llegué tarde porque tengo víctimas y victimarios.

LA VIOLENCIA SE DESAPRENDE

– ¿Cómo definiría la violencia?

– La violencia es daño voluntario. Así en grande: daño voluntario. En distintas formas. Daño voluntario que puede ser al otro o a uno mismo en el caso del suicidio. El suicidio está considerado como violencia autoinflingida y ha crecido muchísimo.

– Hay una vieja tradición en el pensamiento filosófico que dice que la violencia es algo inherente a la condición humana.

– Pero eso quedó desacreditado ya. Hay un trabajo muy interesante a nivel científico que es el Manifiesto de Sevilla, difundido por la UNESCO, que intenta desmitificar la violencia como formando parte de la naturaleza humana. Se apoya mucho en los trabajos de la antropóloga Margaret Mead, que realizó investigaciones científicas entre los pueblos de los Mares del Sur. Mead descubrió que estas poblaciones no tenían la menor idea de lo que era hacer una guerra. Eran pacifistas por naturaleza. Esta antropóloga, entonces, es una de las que empieza diciendo que la guerra es una construcción del hombre, el cual también puede ser capaz de construir la paz.

– La violencia sería, por tanto, una invención humana…

– Si excluimos la patología, mayormente es una conducta aprendida. Así sería. Algo parecido dice Albert Bandura, en su concepto de aprendizaje social. Ahora bien, ¿qué es lo que sí forma parte de la naturaleza humana y no solamente humana sino de cualquier organismo vivo? Pues lo que llamamos la agresividad. Porque la agresividad es la forma que tienen los organismos vivos de defenderse, de protegerse. Pero el ser humano es el único que a esa agresividad la puede utilizar no ya como defensa sino como algo para dañar a otro. Es la fuerza aplicada contra otro, y a veces sólo para divertirse.

– Si la violencia fuese algo natural, la única solución sería el control social…

– No quedaría otra, efectivamente. Es decir habría que  esperar que salte el chip de la violencia en algún momento y controlar. Pero si decimos que la violencia es mayormente una conducta aprendida, entonces la puedo prevenir temprano, puedo intervenir de manera adecuada y puedo lograr que se desaprenda. La respuesta a la violencia escolar es por tanto educativa. No tengo ninguna duda que es así

EL ANTÍDOTO: EDUCAR PARA LA CONVIVENCIA

– ¿Pero qué contenido educativo? ¿Alcanza con aprender matemática para ser menos violento?

-Yo digo que hay que aprender matemática, lengua, pero sobre todo hay que aprender a convivir bien, aunque este último programa no está. ¿Cuándo hay que aprender a convivir? Temprano. Una madre le preguntó alguna vez a Napoleón cuándo debía empezar a educar a su hijo y él le respondió: 20 años antes de que nazca. Es decir, le dijo a esa madre que la educación de su hijo empezaba en ella, ya que sería su modelo más importante, la que más influiría en su vida como modelo. La pregunta aquí es cómo nos comportamos los adultos, quiénes somos los que hacemos el mundo.

– El sociólogo francés Alain Touraine plantea que lo decisivo hoy es saber si podemos vivir juntos.

– No hay otra. Tenemos que aprender a convivir. Se trata de estar con el otro. Superar en este sentido la palabra tolerancia. Tolerar en definitiva es decir “te soporto”. ¿Cómo hacemos para ser solidarios con el otro? (…) Ahora bien, no hay convivencia sin valores. La respuesta educativa pasa por acá. ¿Qué es lo que estoy priorizando? ¿Qué es lo valioso para mí? El tema de los valores está en la base, absolutamente, de toda la continuidad o el cambio que queramos darle a la educación. Y se necesita, al respecto, tener un proyecto educativo nacional. Para que después pueda haber proyectos educativos provinciales y proyectos educativos institucionales.

– Usted en su charla insistió mucho en la empatía, como base para desaprender la cultura de la violencia. ¿Cómo la definiría?

– Como la capacidad de ponerme en el lugar del otro, entender al otro y a partir de ahí ver cómo hacemos para mejorar. Es un aprendizaje. A propósito, en el libro “Triple Focus”, escrito por Daniel Goleman y Peter Senger, se dice que hay que trabajar en tres frentes, para ayudar a los estudiantes a vivir en un mundo complejo. Hay que trabajar con uno mismo, en la relación con el otro, y en la relación con el mundo. Eso es convivencia: convivir conmigo mismo, convivir con el otro y convivir con todo lo que me rodea, con el mundo.

Extraído del diario El día online en su publicación del día 22 de octubre de 2017.