1. Validar los sentimientos y emociones de los chicos: Todas las personas sentimos emociones y eso no es bueno ni malo, es parte de la vida. Es importante que en la familia demos el permiso para que los chicos nos cuenten lo que sienten y también los adultos lo hagamos de manera apropiada. No es saludable transmitir la idea de que “los hombres no tienen miedo” “no está bien enojarse”. Lo que puede estar bien ó mal es la conducta pero no la emoción. Si por miedo digo mentiras ó cuando me enojo daño a los demás, eso es lo que está mal (la conducta), no la emoción.
  2. Menos pantallas y más conversaciones: Favorecer la conversación, en un clima tranquilo, sin pantallas que interrumpan o distraigan es fundamental para que los niños desarrollen habilidades de escucha, lenguaje, atención, razonamiento, espera. Pero sobre todo es fundamental para generar un vínculo y para demostrarles todo lo importantes que son para nosotros.
  3. Ocuparnos del SER no sólo del HACER: Facilitar en la familia momentos para estar en calma, no intentar llenar el tiempo con actividades que no siempre responden a intereses genuinos. Muchas veces, cuando les preguntamos a los chicos que significa “estar en calma” dicen que es “estar durmiendo”. No tienen muchas experiencias de calma estando despiertos. Es importante que en la familia de promuevan esos momentos de tranquilidad, necesarios para desarrollar la imaginación, el autoconocimiento y la valoración de lo que nos rodea.
  4. Ejercitar una mirada positiva: Ser cuidadosos con el lenguaje que usamos, no sólo para referirnos a ellos sino en general. Si los criticamos de manera negativa, dañaremos su autoestima y esto tendrá repercusión en su aprendizaje y su desempeño social. Los padres y madres somos figuras de referencia muy importantes para los chicos, lo que les digamos los puede hacer sentir valiosos o los puede herir. Tener en cuenta de elogiar y criticar la conducta, no a la persona y que las críticas se refieran a un momento y área específica, evitando las generalizaciones.
  5. Comunicarnos de manera asertiva, evitando culpabilizar o acusar: Cuando queramos comunicar una quejar ó un pedido, recordar describir concretamente la conducta o situación que observamos, decir en primera persona lo que sentimos ante esa situación ( cuando pasa….yo me siento….. ) y finalmente pedir lo que queremos que ocurra ( por eso te pido…. ) Evitar expresiones del estilo “ vos siempre” …..ó “ vos nunca”…..
  6. Ser empáticos con los chicos, tratando de ponernos “en sus zapatos” evitando los juicios y los comentarios descalificantes: Muchas veces los adultos nos referimos a los sentimientos, preocupaciones e intereses de los chicos de manera despectiva diciéndoles que son “sin importancia” ò que “ no tienen que sentirse así “ . Otras veces, nuestros programas familiares no toman en cuenta sus intereses. Escucharlos, comprenderlos no significa que siempre haremos que lo que ellos quieren. Significa reconocerlos como personas diferentes de nosotros y no por eso menos importantes. Significa reafirmar la idea de que todos somos únicos, valiosos y que se reconocen esas diferencias y se los quiere como son.
  7. Estar presentes: En la vida cotidiana estamos en general bastante distraídos. Nuestra atención se dispersa en diferentes cosas, caminamos mirando el celular, comemos mirando la tele, manejamos escuchando mensajes de audio. Las preocupaciones, la sobreabundancia de información, nos llevan a “estar pero no estar”. Está nuestro cuerpo, pero nuestra cabeza está en otro lado. Los chicos necesitan adultos presentes, que no estén distraídos, que los miren amorosamente y estén dispuestos a enseñarles, corregirles y guiarles con ternura y paciencia.

 

“El futuro de la humanidad no son los niños, son los mayores con quienes ellos crecen”

Humberto Maturana

 

                                                                                                           Lic. Cecilia Marino