Aunque sea solo una vez mira los ojos de un maestro.

Aunque sea solo una vez, mira a un maestro a los ojos.

Si lo haces, encontraras en su mirada un brillo único y especial.

Un brillo que solo lo puedes encontrar en los ojos de un maestro.

Ese brillo es su sello. Un sello reluciente de amor y cuadernos.

Ese brillo que ves en sus ojos  se enciende cada vez que enseñan, cada vez que están aprendiendo junto a sus niños, cada vez que cierran la puerta del aula y despliegan su ser de maestro.

Ese brillo no se apaga nunca, resiste la falta de valoración de su tarea, resiste el cansancio, la indiferencia, los dolores de garganta y cabeza .Resiste todo.

Te preguntaras ¿Por qué resiste tanto?

Ese brillo único y especial resiste porque su fuerza está en los niños.

Su fuerza está en su misión: Enseñar. Vinieron a la tierra a enseñar y vinieron envueltos en luz, sueños y bondad.

Por eso los maestros son tan fuertes, tan resilientes  y  tan maravillosos.

A pesar de la falta de reconocimiento de muchos adultos, ellos continúan por el amor puro y sincero de sus pequeños admiradores, sus niños.

Los niños son el combustible de esa luz centellante y vibrante propia de los maestros.

Una luz que cambia de  color e  intensidad de acuerdo a lo que cada niño precisa. A veces es muy  amarilla y entusiasta .Otras veces es rosa tenue y calma .Y te diría que casi siempre   es  verde esperanza. Los maestros se iluminan para iluminar. Ellos vinieron a la tierra llenos de” luz de maestro”.

Su “luz de maestro” crece cada vez que enseñan, cada vez que juegan con los niños, cada vez que escuchan” Seño te quiero” y principalmente  con cada logro de sus pequeños.

 Su “luz de maestro “ se debilita cada vez que  ven sufrir a uno de sus pequeños, cuando sienten la soledad de un niño, cuando sienten que los adultos se muestran desconsiderados y  egoístas  con los niños.

Los maestros no son simples humanos. Son especiales, y lo son para poder contactar con la sensibilidad de los niños. Fueron cuidadosamente elegidos para esta tarea.

Son fuertes y a la vez muy sensibles .Son pura entrega .Si no eres niño, es difícil entenderlos. Ellos dan, dan y dan  como lo hacen los niños .Son pura generosidad.

Entregan a su  tarea  su tiempo libre, su aliento, sus horas de sueño, y gran parte de su sueldo .Y cuando lo hacen lo ocultan para evitar explicar lo inexplicable .Los adultos que están cerca de ellos no entienden esa generosidad. Por eso les cuestionan sus prioridades. Pero los maestros siguen entregando  su ser  con mil excusas .Recuerda que no son simples humanos, son maestros.

Por eso aunque sea tan solo una vez  honremos a los maestros.

Por eso aunque sea tan solo  una  vez ofrezcámosle infinita gratitud por su titánica tarea.

Por eso aunque sea tan solo una vez miremos a los ojos a un maestro. Detengámonos a   mirarlos  a  los ojos para admirarlos.

Porque todo maestro se merece sentir aunque sea solo una vez, una ovación por haberse animado a ser ese maestro extraordinario que hoy es.

Todo comienza con un “aunque sea solo una vez”  para que pronto se convierta en un SIEMPRE.

Con una reverencia  entrego infinita Gratitud a todos los maravillosos maestros que enseñaron mi hijo y enseñan a todos los niños que hay en la tierra.

                                                                        Mariana de Anquin

http://marianadeanquin.blogspot.com/