“La hora de enfriar los cerebros” es un momento especial de la jornada escolar donde buscaremos alejar la fatiga mental de los alumnos para que puedan continuar aprendiendo con alta motivación.

Cuando trabajamos duro en un asunto, concentrados, esforzándonos cognitivamente para resolver una situación, nuestra mente se fatiga . La fatiga mental aparece luego de un esfuerzo cognitivo sostenido en el tiempo. La mente nos pide hacer una pausa para relajarse, recuperar energía y así continuar. Cuando no escuchamos este pedido, la mente trabaja fatigada, con muchísimo esfuerzo y pocos resultados. En la escuela los niños se sienten muchas veces abrumados, agobiados y fatigados mentalmente por diversos motivos. Más allá de cual sea el motivo, lo importante es saber que si están fatigados mentalmente por más que insistamos por diferentes caminos, el niño no aprenderá. Necesitamos quitar la sensación de agobio, calmar la agitación mental, el aceleramiento, bajar la presión   y enfriar los cerebros-Los niños nos dan claras señales de sentirse fatigados mentalmente, muchas veces se quejan de cansancio, dolores de cabeza, vértigo, perturbaciones de la vista, hemorragias nasales, desgano o sobrexcitación.

Para garantizar el aprendizaje de todos los niños podemos incorporar en la rutina del aula, un momento especial “La Hora de enfriar los cerebros “ que tiene como objetivos combatir la fatiga mental, brindar pausas para la recuperación cognitiva y aumentar el bienestar emocional.

Estoy convencida que cuando ayudamos a los niños a estar en calma, logran relajar el cuerpo, centran la atención y el aprendizaje florece, aumenta y se expande. Lo contrario a la calma es el aceleramiento, la multitarea constante, la velocidad de reacción, el apuro y la prisa cotidiana, la ansiedad y el pesimismo. Los niños nunca aprenderán si viven apurados, en un caos de actividades constantes y con agendas hipercargadas. Los niños siempre aprenden y mejoran cuando sienten calma, presencia, orden, y pausas.

La Hora de enfriar los cerebros es el momento especial para ayudar a los niños a hacer una pausa, recuperar la calma, relajarse y aumentar su bienestar emocional.

Simples propuestas para realizar en el aula o en el patio de la escuela:

-Respirar para enfriar el cerebro

Una manera sencilla de enfriar el cerebro es invitar a los niños a suspender lo que están haciendo, y en silencio respirar profundamente varias veces. La respiración no solo induce a los niños a un estado de calma y relajación sino que ayuda a oxigenar el cerebro. La respiración enfría nuestros cerebros colapsados de información, estímulos, consignas y ruidos. La respiración inunda nuestra mente con el bálsamo de la serenidad. También podemos respirar escuchando una música tranquila o sonidos de la naturaleza.La influencia de la música en el cerebro según algunos investigadores radica en los patrones y el cronometraje. La música sinfónica e instrumental se utiliza en salas de hospitales, ante intervenciones quirúrgicas, en fábricas, en bibliotecas, y en otros ambientes, buscando según los casos, la relajación, la concentración, la memorización, la creatividad, el análisis. Todo esto que hace la música se debe a las ppm (pulsaciones por minuto), ya que cambian el estado del cerebro y lo hacen más receptivo.

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Reír para enfriar el cerebro

Albert Figueras, médico del Hospital Valle Hebrón de Barcelona, especialista en bienestar emocional, asegura que del mismo modo en que el cerebro segrega cortisol cuando sentimos estrés, se ha descubierto que existen otras hormonas capaces de relajarnos y producir una sensación de calma y bienestar. Entre ellas destaca la oxitocina, pero podemos inducir su fabricación de forma voluntaria a través de la risa.

Figueras insiste en que la risa puede ayudarnos a reducir el estrés, de hecho tenemos una tendencia natural a fijarnos en las caras sonrientes y su expresión se contagia fácilmente. Reírnos relaja la musculatura y permite estrechar vínculos con los que nos rodean. En un experimento se demostró que 60 minutos diarios de comedia televisiva podían reducir notablemente los niveles de cortisol (hormona presente en cuadros de estrés) en los espectadores. Todo esto nos impulsa a incorporar la risa como otra propuesta para enfriar los cerebros. Pidámosle a los niños participar de una ronda de chistes, o de compartir un video de bloopers, o mirar un capítulo de un dibujo animado que los invite a reír mucho.

Movernos para enfriar el cerebro

Hoy sabemos de los innumerables beneficios que tiene el hacer ejercicio para nuestra salud física, mental y emocional. Además, cada vez más estudios evidencian que la actividad física tiene una relación directa con la mejora del rendimiento cognitivo de los niños. Cuando un cerebro está colapsado, hacer ejercicio es una excelente idea. El ejercicio ayuda a liberar tensiones y mejora el manejo del estrés. Ayuda a combatir y mejorar los síntomas de la ansiedad y la depresión, y aumenta el entusiasmo y el optimismo.

El Dr. Fabrizio Mancini, médico quiropráctico, filántropo, conferencista bilingüe, y presidente emérito de Parker University en Dallas, Texas, nos alerta acerca de que los químicos que contienen los medicamentos antidepresivos que se dan para tratar la depresión en adultos y niños, son químicos que están en el cerebro. Por lo tanto hay que generarlos, y muchos se consiguen haciendo ejercicio.Por ejemplo, el ejercicio intenso aumenta la concentración de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina, la adrenalina y la noradrenalina. Algunos de estos neurotransmisores modulan procesos cognitivos como la consolidación de la memoria, sensación de bienestar y calma.

Al observar fatiga mental en los niños podemos invitarlos al patio a mover el cuerpo. Realizar estiramientos, caminar, trotar o bailar. Jugar una clásica mancha, o cola del zorro, son maneras de mover el cuerpo luego de haber permanecidos mucho tiempo sentados o sedentarios en el aula. Son movimientos y ejercicios que ayudan al cerebro a liberar tensiones, generan químicos responsables del bienestar. A su vez al ejercitar estamos llevando mayor oxígeno a todo el organismo, y en especial al cerebro, el cual se sentirá muy agradecido.

Cuando nos serenamos en el campo de visión se amplia, podemos ver recursos, personas, que antes por el apuro y la prisa no veíamos .Cuando nos serenamos la mente se aclara, el cerebro recupera oxígeno para conectar mejor las ideas, el cuerpo se relaja liberando tensión innecesaria, el ruido se apaga y el corazón se enciende con emociones tan luminosas como la calma, la alegría, y la confianza.

Incorporar en el aula la hora de enfriar los cerebros, es enseñarles a los niños a parar, descansar, recuperarse y seguir con más fuerza. Fuerza que les dará esa energía extra para sostenerse en tiempos agitados, fuerza que les devolverá la esperanza en el desaliento, fuerza que les recordará que no están solos y los animara a pedir ayuda, a buscar aliados y hacer equipo.

Lic. Mariana de Anquin

Psicopedagoga

Autora del libro «Niños brillantes. ¡Todos lo son!»