La clave está en el maestro

En educación se suele hablar mucho de la necesidad de innovar y de que la escuela, así como se la conoce en nuestros días, ya no responde a las necesidades de la sociedad actual. En concordancia con este planteo, se presentan modelos educativos innovadores provenientes de otras realidades que a veces resultan algo lejanos o nos dejan con el sabor de “lo inalcanzable” y entonces, repetimos lo que ya sabemos que no funciona con el consiguiente sentimiento de frustración que eso genera.

¿Es posible cambiar las prácticas? ¿Es posible superar la inercia y escapar del “acá no se puede”? Mi planteo, lejos de ser triunfalista y de desconocer el esfuerzo que implican los cambios, es que se puede cambiar la educación y que esos cambios están anclados en los vínculos que el docente promueve en la clase y que configuran el clima emocional de la clase.

Los vínculos entre docente y alumno, entre los alumnos entre sí y entre alumnos, docentes y contenidos a enseñar deben estar en el centro del cambio. Cuando hablamos de innovación, la clave está en el vínculo y por lo tanto en la metodología de nuestras clases.

Les propongo reflexionar a continuación sobre siete características deseables en un docente que quiera ser un verdadero artesano del cambio.

Creatividad: Pensar en el maestro como en un artista más que como en un técnico.  Entender que el papel del profesor es crear propuestas originales. Pensar al docente como un sujeto activo, que realice conexiones entre temas que aparentemente no la tienen y que a partir de allí surjan propuestas personales e innovadoras. Considerar la idea de que la creatividad no es atributo de unos pocos, sino que todos tenemos un potencial creativo que necesita ser encontrado y puesto en acción.

– Para reflexionar ¿Qué acción nueva, diferente, puede hacer en mi clase?

 Se interesa por el clima de la clase: Prestando atención a la comunicación verbal y no verbal estaremos atendiendo a uno de los factores clave que determinan el clima emocional de la clase. Se ofrecen a continuación una serie de ítems que pueden ser de utilidad para identificar acciones de un docente que estimula un clima positivo en la clase (adaptado de la escala ESOC, Baeza, 2009):

  • Utiliza un tono de voz cálido
  • Reconoce cuando los alumnos se ayudan entre sí
  • Establece contacto físico positivo con los alumnos
  • Demuestra afecto
  • Estimula a los alumnos a ayudarse entre sí
  • Favorece el trabajo conjunto entre los alumnos y el compartir elementos
  • Muestra respeto hacia los sentimientos de los alumnos
  • Se mueve por el aula en respuesta a las necesidades de los alumnos
  • Permite el movimiento en la clase
  • Desalienta comentarios descalificantes entre los alumnos

-Para reflexionar ¿Cómo repartimos las miradas en la clase? ¿y las sonrisas?

 

Establece reglas claras y se ocupa de que se cumplan: el docente innovador establece pocas reglas, pero significativas en tanto atienden a valores básicos como el respeto mutuo, el trato amable, el buen humor y la implicación en las actividades.

-Para reflexionar ¿Las reglas de mi clase apuntan a cuestiones esenciales o se detienen en detalles que “distraen “?

 

Es flexible: esta característica hace referencia a que el docente puede modificar la marcha de la clase cuando sea necesario, atendiendo a los emergentes y emociones que surgen. Silvia Baeza (2009) define a una clase flexible como aquella en la cual alumnos y docentes se adaptan a las necesidades cambiantes, con un grado de consenso compartido y beneficioso para todos. Un docente flexible, acepta sugerencias de los alumnos y toma en cuenta las situaciones particulares al momento de hacer cumplir las reglas grupales generales. En definitiva, promueve el compromiso de los alumnos, tanto en los aspectos académicos como en los aspectos disciplinarios.

-Para reflexionar ¿me animo a escuchar a mis alumnos y a considerar sus opiniones?

 

Se interesa por generar un espacio físico acorde y acogedor:  Esta característica hace referencia a que el docente tiene en cuenta que una buena distribución del espacio, donde los alumnos se vean las caras entre sí, donde haya cercanía, buenas condiciones ambientales, temperatura agradable, luminosidad, etc.; va a facilitar un clima propicio para aprender. Por ejemplo: una luz suficiente, sobre todo si es natural, favorece el estado de ánimo positivo, aumenta la energía vital, favorece la atención y el rendimiento frente a tareas complejas. Del mismo modo, el aula espaciosa y bien aireada posibilita un mayor bienestar emocional y físico, así como también nos ofrece mayor comodidad para la distribución de los bancos.  Existen numerosas formas de organizar los bancos en el aula, todo depende de la creatividad del docente, las necesidades de los alumnos y el tipo de actividad que queremos desarrollar.

-Para reflexionar ¿Qué pequeño cambio puedo hacer en mi aula en cuanto a lo espacial para promover otras interacciones?

 

Da oportunidades para el juego y la risa: Todos los educadores coincidimos en la importancia del juego como motor para el aprendizaje, pero esta idea no siempre se plasma en la realidad. La falta de tiempo, las limitaciones de espacio y la escasa experiencia de juego que hay en general en la escuela, hacen que termine siendo el gran ausente en las aulas.  Jugar nos permite infinitas posibilidades: ensayar nuevos roles, ponerse en el lugar del otro, anticipar formas diferentes de actuar, conocer aspectos nuevos propios y de los demás. En el juego se ensaya aquello que en la vida real uno no se anima a expresar y se desarrolla la fantasía y la creatividad. Se fomenta la adaptación a las reglas, la tolerancia mutua y se actúa sin violencia.

Jugar…pero no para ejercitar, sino para mover estructuras, despertar la motivación, desarrollar la curiosidad y la creatividad.

Maria Acaso (2013) nos propone utilizar en el aula las clásicas dinámicas de campamento, con el objetivo de favorecer la comunicación, el movimiento y la construcción de los vínculos.

 Incluir en el aula dinámicas para que los alumnos se conozcan, para desarmar roles, para que se den variadas interacciones, para que se diviertan juntos, para que armen construcciones colectivas, para favorecer la reflexión y la interacción entre los distintos integrantes del grupo.

-Para reflexionar ¿qué juegos sencillos puede empezar a hacer con mis alumnos?

Manejar los tiempos sin “prisa violenta”:

El tiempo es algo continuo, que fluye. En la escuela, en cambio, el tiempo es algo fragmentado, rígido, donde se priorizan los resultados por sobre los procesos naturales e individuales. Esta manera de vivenciar el tiempo termina siendo una forma de violencia tanto para los educadores para los niños.

Un cambio posible es planificar pocas actividades, pero de mayor duración, atendiendo a los procesos individuales y dando el espacio para conversar, crear, profundizar y aprender, disfrutando del proceso más allá de los resultados.

-Para reflexionar ¿Cómo son los tiempos en mis clases? ¿me siento a gusto? ¿qué puedo cambiar?

 

Volvemos entonces a las preguntas del inicio ¿Es posible cambiar las prácticas? ¿Es posible superar la inercia y escapar del “acá no se puede”? A ustedes, queridos educadores les dejo abierta la pregunta …

Lic. María Cecilia Marino

Psicopedagoga

Directora Editorial Proyecto Cepa

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