Creando el clima de juego

Si consideramos que el juego es una actividad natural y espontánea del hombre y mucho más del niño, y si observamos a un niño jugando, veremos que en realidad éste no necesita ninguna preparación previa de ningún tipo. Los niños entran y salen del juego de una forma genuina y espontánea. Crean situaciones lúdicas en cualquier momento y lugar y cambian de actividad con mucha facilidad ,siempre y cuando ellos mismos estén manejando ese tiempo y no sea propuesto desde un timing externo.

La situación es diferente cuando los adultos queremos proponer un determinado juego, pero muy especialmente cuando se trata de un grupo y más aún de un grupo en situación escolar. En la escuela los niños -si bien juegan también- están en un contexto diferente que no siempre se caracteriza por lo lúdico. Si consideramos, por ejemplo, que un grupo está trabajando algún contenido determinado con su docente y en la hora siguiente la/el maestra/o quiere proponer un juego, se deberá preparar al grupo para que pueda disponerse de otra manera. La presión social acerca de “la escuela es asunto serio” (y pareciera que es difícil considerar el juego como serio, donde la seriedad escolar pareciera asociarse más al aburrimiento o a la ausencia de risa, carcajada, alegría espontánea) y “en la escuela no debés jugar” es en ocasiones tan fuerte que, al proponerle el docente un juego a los niños, estos requieren de cierto esfuerzo para poder disfrutar realmente y no considerarlo como una actividad de otro tipo.

Por ello, puede ser importante incluir previamente una de las actividades explicadas a continuación para lograr este clima lúdico en el grupo.

Algunas sugerencias simples:

 

  bancos                                                                

En cuanto al espacio:

Una posibilidad es correr un poco el mobiliario del aula (bancos y sillas por lo menos), de manera de crear un espacio más abierto para facilitar el movimiento. Si no se tienen muchas posibilidades de mover los bancos por problemas de dimensiones del aula, podremos poner las sillas sobre los bancos y correr (o no) las mesas. El cambio de mobiliario ya genera en el grupo una predisposición diferente al entrar al aula, de alguna manera se les anuncia con ello que algo diferente sucederá.

Otra posibilidad, es ir directamente al patio de la escuela o bien a algún área más abierta, siempre y cuando no se interfiera en las actividades de los demás grupos (por ejemplo, algún sector de un pasillo, un aula desocupada, gimnasio, etc.)

Si estos cambios no son posibles, podremos por lo menos proponer a los niños un cambio en la forma de sentarse, de manera tal que interior y exteriormente visualicen un cambio. Por ejemplo: que cada niño se siente en el lugar de otro, o bien que se sienten con la silla mirando para atrás, ubicándose el coordinador atrás del aula y no al frente donde está el pizarrón. Lo importante siempre será marcar de alguna manera una diferencia con el espacio tradicional y acostumbrado del aula, para permitir también que se genere algo nuevo.

 

reloj

En cuanto al tiempo:

También el manejo adecuado del tiempo por parte del coordinador/docente es fundamental para permitir un adecuado desarrollo del juego. Antes de proponer un juego tenemos que medir aproximadamente cuánto tiempo nos podrá llevar todo el desarrollo del mismo, de manera de disponer también de dicho tiempo y no tener que interrumpir la actividad, salvo que lo organicemos en diferentes etapas. Si bien la hora de clase tiene un tiempo reloj determinado, podremos prever la combinación de dos horas de clase por ejemplo, en caso de pensar alguna actividad lúdica más prolongada.

En cuanto a las actividades como para preparar el clima de juego:

  • Si el juego se propone al comienzo de alguna hora de clase, cuando los niños vienen del recreo o de alguna otra actividad, es importante unificar en lo posible el estado de ánimo del grupo y tranquilizar o relajar a los niños si vienen muy alborotados, de manera tal que vayan desconectándose lentamente de la actividad previa. Para ello es útil tener un grabador en el aula y durante un instante no muy largo dejarles escuchar música suave. Otra posibilidad interesante que se puede realizar es la implementación de algunos de los juegos breves que se presentan a continuación. Los mismos no tienen otro objetivo más que estabilizar y equilibrar mínimamente el clima grupal y son de una duración muy corta (2 a 3 minutos como máximo). Al finalizar cada juego de relajación podemos hacer alguna pregunta breve al grupo en general o a cada niño la misma pregunta, si el grupo no es muy numeroso. Por ejemplo les podemos preguntar cómo se sintieron o qué sintieron, si les gustó el juego, o alguna pregunta relativa a cada uno de ellos.

Juegos de movimientos lentos:

 

Estos juegos tienen en cuenta la tendencia natural de los niños de utilizar el propio cuerpo, transformando la energía potencial   en energía concentrada y calma.

  • El coordinador deberá demostrar primero a los niños el siguiente ejercicio: “Imagínense que soy una pequeña pluma. Observen cómo me voy levantando en el aire (levantando suavemente brazos y cabeza). Luego voy deslizándome de nuevo lentamente hasta el piso hasta dormirme suavemente allí. Ahora se transforman todos ustedes en pequeñas plumas de colores hermosos, que suben lentamente y bajan nuevamente hasta quedarse dormidos.”
  • Aquí el coordinador presentará la siguiente propuesta: “Imagínense que tienen que llevar un regalo que se rompe con mucha facilidad. Caminen muy despacito y con cuidado para que este regalo no se rompa. Piensen durante un instante cuál es este regalo que están llevando… Cómo lo llevan… Para quién es este regalo… A dónde lo llevan… Y sigan caminando hasta apoyar el regalo en algún lugar”

Juegos con manos mágicas:

Estos juegos suaves pretenden facilitar aquellas experiencias con las que comenzó nuestra vida: ser acariciado y acariciar, ser tocado y tocar. A través de estos juegos podemos reestablecer esa posibilidad de disfrutar activa y pasivamente los contactos. Así cada niño podrá entrar en mejor comunión con su propio cuerpo y comprender mejor la forma de funcionamiento de las diferentes partes del cuerpo.   Podrá desarrollar también una imagen positiva de su propio cuerpo y desarrollar así una adecuada valoración de sí mismo. Podrán aprender a conectarse con respeto y atención con otro niño. Permiten desarrollar confianza y pertenencia al grupo.

  • Pedir a los niños que se agrupen de a dos y se busquen algún lugar en el aula donde quisieran estar (sentados en las sillas, en el piso o parados en algún lugar). Uno de ambos niños deberá cerrar los ojos. Se deberán imaginar ahora que el niño que mantiene los ojos abiertos tiene un shampoo mágico con el que le lavará el pelo al compañero. Mientras se lo va esparciendo suavemente por toda la cabeza, el otro niño va recibiendo una cantidad de ideas nuevas que se le van impregnando. Luego de un breve período se intercambian los roles. Una vez que todos terminaron, podrán comenzar a jugar, seguros de que todos los niños han adquirido, por medio del shampoo mágico, muchas ideas nuevas para intercambiar.
  • Los niños se deberán parar, apoyando las manos sobre los hombros del compañero de adelante, formando una ronda El coordinador les dirá a continuación: “Imagínense que tienen manos mágicas. Si ustedes amasan suavemente los hombros del compañero, esto le hará tan bien que seguramente le ayudará a sentirse bien liviano. Si quieren pueden cerrar los ojos para sentir también los masajes aliviadores que van recibiendo del compañero de atrás.”

Viajes fantásticos:

A través de estos “viajes fantásticos” cortos se facilita el ejercicio de la concentración y la posibilidad de encontrar el propio tiempo y ritmo.

 

  • Pedimos a los niños que se paren al lado del banco o en algún otro lugar. Cada niño es ahora un reloj de arena (en el caso que se considere que los niños no conocen un reloj de arena es conveniente mostrárselo previamente para que conozcan el funcionamiento). El sector superior del reloj está en la cabeza de los niños y el inferior en la panza, lleno de una arena suave de un lindo color. Les decimos: “Toda la arena está ahora en la cabeza, dejamos entonces que la arena corra suavemente hasta la panza y con la arena también mandamos todo lo que en ese momento pensamos o sentimos, de manera que la cabeza esté muy lentamente libre de todo”.

     El coordinador pasará luego al lado de cada niño y acariciará suavemente a cada uno en la espalda mientras la arena va corriendo para abajo junto con todos los pensamientos. La arena se acumulará luego abajo, donde la dejaremos por un largo rato.

  • Cada niño se sentará lo más derecho posible. El coordinador les dice: “Imagínense una montaña bien alta, que abajo es bien ancha y arriba tiene una punta. Hoy ustedes serán montañas.

Levanten las manos por arriba de la cabeza hasta juntarlas, para formar la cima de la montaña. Respiren lentamente y sientan qué grande es la base de la montaña y cuántos niños tendrán lugar para descansar en esta montaña. Lentamente bajen otra vez los brazos.”

 

Del libro JUEGOS PARA LA EDUCACIÓN MÁS ALLÁ DEL AULA

María Regina Öfele, Editorial Proyecto Cepa, 2015

Extracto del capítulo 2 : Creando el clima de juego