Está etapa de educar sin aulas, sin abrazos, sin risas cómplices, sin olores, sin encuentros reales mostró que lo que más se extraña de la escuela , es todo lo  invisible: el clima emocional del aula, las emociones a flor de piel, explosivas carcajadas, gestos solidarios  entre pares, palmaditas de apoyo, el fervor por compartir anécdotas,miradas traviesas, nerviosas, confiadas, los perfumes, las sorpresas, los colmos, los besos llenos de chupetines , las bromas, la fascinación por los experimentos, las preguntas insólitas, las conclusiones apresuradas, las profundas reflexiones, la curiosidad sin límites, el calor del afecto,la ayuda entre compañeros, los inventos maravillosos, las pulseras de mejores amigas y la increíble fuerza que tiene  “un abrazo de un niño ” para recordarle a su Seño, lo importante que es ella para que él siga aprendiendo.

Hay muchas cosas invisibles en las aulas, en los recreos y en los cuadernos. Son cosas mágicas, que solo un docente puede notar. En los cuadernos pueden encontrar letras que antes no salían, dibujos que hoy se vistieron con colores que antes no tenían y problemas resueltos con mucho esfuerzo. Todos ellos tienen en tinta invisible un gran “Pude lograrlo”, y al tocar esas hojas los docentes ven el corazón ensanchado de confianza de cada uno de sus niños.

Los cosas invisibles están por todas partes, en el olor a libro de cuentos nuevo, en el mate (ni lavado, ni quemado, ni muy dulce, ni amargo) que prepara un compañero, en la sonrisa del portero, en el “yo te ayudo”de la directora, en el mensaje de agradecimiento de la familia, y por donde mires en la escuela, hay cosas invisibles que se extrañan. En el aula hay tantas cosas invisibles que no me entrarían en esta nota. Está la mezcla de vergüenza y regocijo de los niños que flota en el aire a la hora de mostrar sus producciones, la risita orgullosa por lograr descifrar esa palabra que tanto costaba leerla, el famoso momento Eureka  “ahhhhh ya lo entendí Seño” y los ojitos que brillan de alegría y ni hablar de la satisfacción que late en el pecho de las seños al  verlos aprender tanto.

La escuela está hecha de invisibles, de pasión, vocación y muuuuchas emociones. No podemos ver ni tocar estás cosas, pero sí sentirlas. Entonces en época de cuarentena ¿Qué extrañan los docentes? Las maravillosas cosas invisibles de su escuela.

Lic. Mariana de Anquín

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