Muchos de nosotros tenemos la sensación de estar siendo testigos del comienzo de algo novedoso e importante: el acercamiento de dos mundos que parecían tener poco en común, el de la educación y el de las neurociencias. ¿Será el comienzo de una nueva ciencia como proclaman algunos? ¿La neuroeducación, la neurodidáctica? ¿Surgirá de este encuentro un nuevo campo de investigación, una nueva ciencia educacional?  ¿O se dará lugar a un nuevo diálogo entre disciplinas que ya tienen sus propios metódos y objetos de estudio y que coinciden en un interés común: descubrir cómo aprende el ser humano y cuáles son los factores y contextos que favorecen o por el contrario obstaculizan ese proceso?

En los últimos años hemos tenido la oportunidad de vivenciar cómo se empieza a recorrer este camino. Neurocientíficos reconocidos de distintas partes del mundo ( como Michael Posner, Erik Pakaluc, Clancy Blair, Kenneth Pugh , Anna Lucía Campos) acercan a un público conformado mayoritariamente por docentes interesados en conocer los resultados de sus investigaciones más recientes en temas como la relación entre genética y ambiente y su incidencia en el desarrollo de la atención, de la autorregulación, el lenguaje, los cambios que se producen en el sistema nervioso con la adquisición de la lectoescritura, o los efectos de las nuevas tecnologías en el cerebro en desarrollo, para citar algunos.

Este diálogo implica grandes esfuerzos: tanto por parte de los docentes como por parte de los neurocientíficos quienes tienen que encontrar un lenguaje común para poder entenderse, y tener una apertura y un respeto sincero al trabajo que realizan unos y otros. Se dice que son necesarias personas – puentes (“bridge people”) que puedan favorecer ese encuentro.

Es importante tener presente que  no todo lo que surge de los laboratorios de neurociencias es directamente aplicable al aula. Por eso, ya se están haciendo también investigaciones en contextos más parecidos a los contextos reales de aprendizaje. Es interesante este doble planteo que muchos se hacen con seriedad: ¿qué podemos esperar como docentes de las neurociencias?, ¿qué pueden aportar en este momento los neurocientíficos a los educadores?, ¿cómo pueden enriquecer los educadores las investigaciones de las neurociencias?

Sin lugar a dudas, los avances de las últimas décadas en el campo de las neurociencias han aumentado enormemente el conocimiento científico sobre el cerebro, su desarrollo y su funcionamiento. El ser humano aprende como unidad de mente y cerebro. Quienes enseñamos no deberíamos ignorar esta realidad, sin que ello implique dejarnos arrastar por un mero entusiasmo, o moda, y conservando  una postura crítica ante la información que nos comienza a llegar por muchos medios como “basada en las últimas investigaciones cerebrales”, y tratando de continuar enriqueciendo nuestro conocimiento sobre cómo se desarrolla el cerebro humano y cuáles son las condiciones que favorecen los aprendizajes en todos y cada uno de nuestros alumnos.

Lic. Cecilia Sosa Cabrios