“Quiero tiempo pero tiempo no apurado,
tiempo de jugar que es el mejor.
Por favor, me lo da suelto
y no enjaulado adentro de un despertador.”

Canción Osias el Osito, de María Elena Walsh

Que bueno si la escuela fuera un lugar donde se pueda estar en calma, donde importen las conversaciones y se promueva la escucha atenta del otro y también se practique esa escucha.

En tiempos donde el tiempo siempre falta, la escuela puede ofrecer un modelo más saludable, un modelo donde se mire a la cara y se le de valor a la palabra de todos pero en especial a la de nuestros niños y jóvenes. Tiempo para conversar….con mis docentes, con mis compañeros, con las familias de mis alumnos, con mis colegas…tiempo para detenerse y estar presente, sin prisa, con calma.

Seguramente la mayoría de nosotros acordamos con esta premisa pero ¿qué pasa en el día a día? ¿Por qué nuestro accionar no se corresponde con esa idea y no sólo eso sino que muchas veces la contradice? Ejemplo de esto son las conversaciones donde estamos en piloto automático, donde se pregunta sabiendo ya lo que nos van a contestar y el alumno responde lo que queremos escuchar, largas horas dictando o copiando, pocos espacios para compartir opiniones con pares (“no hablen entre ustedes”), encuentros con las familias donde se habla mucho y se escucha poco.

La prisa es una forma de violencia dicen Jaume Soler y Merce Conangla en su libro Ecología emocional. “Vivir con velocidades que atentan contra el propio ritmo y cadencia, prisas que como un incendio queman todo lo que encuentran, falta de tiempo para escuchar, hablar, soñar, reflexionar, mirar sin ser conciente de lo que se ve, son tal sólo algunos síntomas de una forma de vivir que causa profundo descontento e infelicidad y va tiñendo de gris nuestra vida” Por otra parte agregan ”la persona apresurada quiere las cosas inmediatamente y para ello la violencia es, sin lugar a dudas, el camino más corto… la prisa es violenta, nos violenta a nosotros mismos y nos hace adoptar conductas irrespetuosas hacia los demás”

Favorecer en la escuela momentos de genuina escucha, actividades que promuevan el disfrute y el involucramiento de los alumnos, dando el tiempo necesario para que esto ocurra, ayudándolos a que estén conectados con lo que está pasando, estando nosotros también presentes en la situación. Parece imposible, pero no lo es y cuando lo promovemos son muchos los beneficios que podemos obtener en términos de bienestar y vínculos genuinos.

Enseñarles a los niños a conectar con su experiencia inmediata, a estar presentes con sus cabezas, su cuerpo y su corazón en lo que están haciendo, sin ejercer la violencia de la prisa que todo lo quiere ya, no sabe muy bien por qué. Sin ejercerla con los niños y tampoco con nosotros mismos. Conectando con nuestra esencia , preguntándonos por ejemplo ¿cuáles son mis fortalezas?¿las pongo en juego en mis clases?.

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 Algunas ideas para que el tiempo no se nos escurra entre los dedos:

  • Planifiquemos actividades realistas con relación al tiempo. Es preferible poco y con calma y presencia que mucho en piloto automático.
  • Seleccionemos contenidos esenciales. No compartimentemos el aprendizaje. Algunas preguntas para lograr armar proyectos originales y significativos pueden ser: ¿qué conceptos son centrales en la asignatura que voy a enseñar? ¿son interesantes y emocionantes para los estudiantes? ¿son interesantes y emocionantes para nosotros como educadores? ¿permite conectar con otros temas y campos del saber?
  • Anticipemos lo que necesitaremos para gestionar esos aprendizajes: recursos, modos de agruparse los alumnos, consignas que daremos, etc.
  • Tomémonos el tiempo necesario para dar y explicar las consignas de trabajo, contemplando un espacio para las consultas que complejicen y enriquezcan la propuesta.
  • Valoricemos la palabra, hablemos con nuestros alumnos no sólo de los contenidos de la asignatura. Ejerzamos una escucha atenta sin juzgar ni sermonear. Una escucha que acepta los grises, los errores, las emociones desagradables, como parte de la vida y desde ahí comprende y puede acompañar en la superación.
  • Usemos la palabra para divertirnos, para crear nuevas realidades. Facilitemos que exploren nuevas posibilidades con ella.
  • Instalemos el “momento de calma” o la pausa como parte de la rutina. Unos minutos durante la jornada escolar donde se ayude a los alumnos a calmar se por ejemplo concentrándose en la respiración.

Actividades para el aula, para hacer sin apuros y disfrutarlas

Saludos risueños ( Del Libro Claves para Aprender en un Ambiente positivo y divertido de Begoña García Larrauri): Esta es una muy buena forma de empezar la jornada escolar, relacionándose con buen humor y llenándose de la alegría que da el movimiento y la risa.

En todos los saludos propuestos a continuación, la consigna es que los alumnos se moverán por el aula y saludarán aleatoriamente al mayor número compañeros, siempre mirándose a los ojos y sonriéndose mutuamente

  1. Risa de bienvenida (convencional): saludarse estrechándose las manos. Mientras se hace decir “hola” y mirarse a los ojos, sonreír o reír, no detenerse a hablar. El ejercicio durará aproximadamente un minuto, en función del tamaño del grupo.
  2. Saludo carioca: Saludarse chocando entre sí las palmas de las manos y a continuación chocan los puños cerrados.
  3. Risa al estilo oriental: Es un saludo con las manos juntas ( en posición de rezar ) y con una leve inclinación de cabeza saludar a 4 ó 5 compañeros mientras decimos “ NAMASTE”

Las rondas temáticas (realizadas por la profesora Celeste Colantuono en una sala de 5 años ): Esta es una excelente manera de facilitar que los chicos se expresen oralmente con fluidez y confianza, a la vez que se desarrolla la fantasía y la imaginación. Lo importante es hacer hincapié en que se pueda tener una escucha atenta, sin interrumpir al que habla y dar tiempo para que la palabra circule, conecte con otras palabras, se expanda y a partir de usarla libremente se llegue a nuevas ideas, a revivir experiencias olvidadas, a compartir sentimientos y emociones, inventar y divertirse.

  1. Los alumnos se sientan en ronda en el piso, junto con el docente. Es importante que estén cómodos y que todos puedan verse.
  2. Se explica a los alumnos que se plateará un tema de conversación y que la idea es que se expresen libremente, no habrá respuestas correctas ni incorrectas. Se promoverá que el que habla lo haga libremente y buscando hacerse entender y que los que escuchan no interrumpan.
  3. El docente plantea el tema de conversación, que será lo suficientemente amplio y atractivo como para permitir que los alumnos se expresen. Por ejemplo, consignas del estilo ME ACUERDO UNA VEZ CUANDO…. UNA VEZ SOÑÉ…. CUANDO SEA GRANDE QUIERO SER… SOY EXPERTO/A EN… ME GUSTA CUANDO MI MAMÁ….

Se ha comprobado que el hecho de plantear un tema común y que apunta a lo personal de cada niño, facilita la escucha atenta.

¿Qué aprendimos hoy? El objetivo de esta propuesta es favorecer el recuerdo de lo aprendido, generar nuevas conexiones mentales, favorecer procesos de síntesis y evaluar lo aprendido de un modo ameno. También apunta a la idea de que en las clases es deseable hacer un cierre y no que se terminen porque “se acabó el tiempo”.

Para esto, unos 5 minutos antes de finalizar la clase, preguntamos a los alumnos ¿qué aprendí hoy? ¿qué me llevo? La idea es apuntar a que los alumnos puedan expresar el concepto o idea que más les impactó. No se trata de que reciten información memorizada, sino que puedan armar una frase corta, con sus palabras, que haga referencia a lo trabajado. El docente puede anotar esas frases en un afiche, para que queden en un lugar visible del aula.

Lic María Cecilia Marino