Ser creativos es una decisión. Decidir es definirse por algo. Animarse. Jugársela.

La vida de cada uno de nosotros está llena de decisiones.

Siendo niños son otros los que deciden por nosotros, y en ese espacio de tiempo no hace falta “decidir ser creativos” porque naturalmente lo somos.

Naturalmente probamos que pasa si los colores se mezclan, nos asombramos y divertimos cuando perseguimos a nuestra sombra y no la podemos alcanzar, trepar a un árbol puede ser la aventura de toda una tarde y buscarle formas a las nubes nos puede ocupar horas y horas…

“Los chicos no saben tantas cosas como los papás, no están preocupados por cuidar a otros… por eso son más libres”, dice Mora que tiene 11 años.

“No saben tantas cosas…” es como decir que tienen permiso para mezclar lo que no se mezcla o para cambiar el sentido o la función de un objeto.

Un palito se transforma en espada, varita, peine o llave según lo requiera la situación. Una caja puede ser mesita, silla, sombrero o paraguas sin dar ninguna explicación. Somos mamás, tías, primas, vecinos, abuelos o todo al mismo tiempo, mientras nos cambiamos de ropa y  probamos diferentes voces.

Siendo niños vale todo; las contradicciones están permitidas, hay menos repertorio al que acudir para solucionar lo que nos pasa y por eso hay muchos cómos, nada tiene una única forma de hacerse y en ese mundo menos ordenado que el mundo adulto hay más espacio para ser creativos.

Cuando se habla de la cantidad de energía que tienen los chicos, se está hablando de creatividad. Porque esa energía es su combustible.

Ser creativos implica un gasto energético que no siempre los adultos están dispuestos a enfrentar. Porque requiere alejarse de lo conocido, abandonar lo que siempre funcionó, probar otras maneras, tolerar cierta incomodidad y moverse, al menos durante un tiempo,  en el terreno de la incertidumbre.

Los niños no se cuestionan nada de todo esto y van al grano, es decir hacen.

Y resulta que ser creativos es hacer. La creatividad se expresa en acciones, si no queda en el terreno de lo imaginario. Por eso muchos autores dicen que la creatividad es la imaginación aplicada.

espadaEs necesario que como adultos revisemos nuestros espacios de disfrute. Es pertinente y saludable que nos preguntemos ¿los tenemos? ¿los generamos? ¿los evitamos? ¿qué nos gustaría hacer y nunca encontramos el momento? ¿en qué cosas sabemos que somos buenos, qué nos sale bien? ¿qué cosas nos interesan, más allá de nuestros deberes y obligaciones?

Adentrarse en el terreno del autoconocimiento puede convertirse en una de las llaves hacia el propio potencial creativo

Preguntarse acerca de los espacios recreativos, de disfrute o relax puede ser el primer paso en el camino hacia el despliegue de la propia creatividad. Solo si nos proponemos buscar estos espacios, generarlos, encontrarlos y luego sostenerlos estaremos poniendo en marcha esta fuerza tan poderosa que vive en cada uno de nosotros.

Puede que sientas o hayas escuchado siempre que la creatividad es solo patrimonio de unos pocos. Que es algo ligado únicamente a la esfera artística. O que la consideres a modo de rasgo en la persona, como pueden serlo el tener los ojos claros o el pelo con rulos.

La buena noticia es que estás o estuviste equivocado.

Así lo señalan muchos trabajos de investigación que hablan de la creatividad en términos de habilidad. Y en tanto constituye una habilidad es factible de ser entrenada, estimulada, ejercitada y mejorada.

Como te dije al inicio: Ser creativos es una decisión. Ahora tenés que decidir, evaluar y  (lo más importante) accionar. Este puede ser un buen momento para definirte a poner en marcha tu potencial creativo. Está ahí. Puede que oculto, tapado, lleno de telarañas, pero está. Es cuestión de animarse. Es cuestión de jugársela.

María Laura Juan